martes, 21 de agosto de 2007

Nada de nada

La verdad es que en mi corazón no hay nada.

Nada ni nadie habita los espacios sombríos de mis células.

No hay nada porque, ya no quiero nada, ni nuevo ni viejo ni del futuro predecible. Ni nadie porque si el amor existió alguna vez, que lo dudo, no ha dejado otra cosa que indiferencia y más vacío, siquiera dolor o algo parecido o con apariencia de estar vivo.

El momento presente, ahora, con el cigarrillo en el cenicero, mirando la pantalla de mi ordenador y tecleando con desgana, es lo más parecido a lo que aspiro para mi "felicidad" o le quito las comillas, felicidad.

Estoy bien sin amores, sin deseos. Porque en mi cabeza es todo literatura y la emoción de lo efímero, de lo que no es nada, no va a ninguna parte.

Me gustan las cosas bonitas "porque no sirven para nada" y no quieren nada de ti.

No busco ni espero ningún estremecimiento pero cuando lo encuentro, está hecho de papel. Y casi siempre entra por los ojos y nada más.

Odio salir de mi nido, estar con la gente de carne y hueso, todos son como yo y conmigo tengo bastante.

No me conmuevo. Sólo el misterio me aterroriza. Y esa emoción no la quiero.
CGC

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nada de lo que no hay nada.
Pero mucho de lo que sí tengo y que sin embargo ya me encargo yo de convertir en nada.

Pero siempre hay algo.
Estas palabras mismo.

Cándida González dijo...

Sí hay algo, tus palabras en este blog, que tiene cuatro días, literales, y tu estrenas.

¿Quién puede sujetar a los peces en el agua?

Yo tampoco puedo.

Gracias.