martes, 8 de julio de 2008

Luis Alberto de Cuenca. Cómo te defiendes de mí



Cómo te defiendes de mí

Cómo te defiendes de mí.
Cómo resistes,
desde la torre de la ausencia,
agitando el pañuelo para siempre,
sin forma ni color,
humo tan sólo,
aérea y rígida en tu nube,
diciendo adiós al mundo y a mis brazos,
muerta y levísima.
Cómo te defiendes de mí.
Cómo, al fin, me derrotas
y me sepultas, también a mí,
en la tumba sin flores del olvido,
donde mis huesos no conozcan
la senda de tu cobardía.
Luis Alberto de Cuenca

sábado, 5 de julio de 2008

Hay muchos mares


Cuando no hay nada que hacer, lo mejor es rendirse. Yo soy necia y tozuda, pero hasta para mí, ha llegado el momento de la rendición.

Me aparto de mis armas (todas inofensivas) y me alejo. Algún día tenía que ser. Es mucho lo que pierdo con esta derrota: el calor de tu cuerpo dentro de mi cabeza, que me hace sentir viva, y todas las palabras que han salido de mi teclado y han alegrado tantas horas de mi vida.

Reconozco que me he pasado sobre todo por el tiempo, por tanto tiempo en contacto con el vacío de un agujero negro.

Pero estoy bien, hay muchos mares, mucha arena, mucho sol, mucha luz y la vida siempre es un misterio, que puede reservarme algo de amor donde menos lo piense.

Tengo muchas artes para olvidar. Y el tiempo no me importa nada, el tiempo y yo nos hemos fundido, en un absoluto que va sin prisa, hacia donde tenga que ir...

Sin prisa pero sin obsesión. En todo caso sin esta obsesión.

Abriré mis puertas y mis ventanas y estos afectos míos, que no han recibido ni una gota de clemencia, volverán, donde siempre debieron estar: en el fondo del mar.

Cómo las llaves de la canción.

CGC

viernes, 4 de julio de 2008

Malena Cirasa. Paraje ciego



PARAJE CIEGO

De espaldas a la lluvia
tus años
tu inocencia
como un fuego perdido que parte en dos
transforman
lo que de mí no entiendo.
Mi lengua busca tu cicatriz.
Arrojo níqueles
raíces rotas por un golpe artero
y a cambio
me devuelves esta luz.
Para quedarte
has buscado un lugar
en la tormenta.

Malena Cirasa

viernes, 27 de junio de 2008

Te necesito



Yo te necesito, para seguir adelante con mi sueño. Te necesito por completo y daría cualquier cosa para que no perdieras el ánimo y volvieras con toda la fuerza de que eres capaz, yo sé muy bien que tienes mucha fuerza, mucho poderío, mucho carisma. Si no fuera así, ¿cómo te crees, que me has cautivado a mí? Y no te creas que yo me engancho al primero que pasa.

Por eso te necesito, porque tú tienes todo aquello que a mí me falta y sin ti, todo esto se va al garete. Te necesito, por favor no me dejes, no nos dejes. Todos estos años van a perderse si tú no estás. Con un talento capaz de distinguir lo blanco de lo negro, de tener una visión clara, de actuar, de saber donde están los problemas, no se tiene todos los días. Y tú no quieres.

Si la rutina te sobrepasa, ten paciencia. ¿Acaso hay algo mejor que una rutina bien organizada? Las cosas en su momento, a su hora en su sitio.

Pido, te pido que vuelvas, cuentas con mi respeto, mi apoyo, mi cariño. Un cariño que no pide nada más y que te ofrezco de forma fraternal.

Necesito, me hace falta tu cerebro, de lo demás, te aseguro que puedo olvidarme.

CGC


27/06/2008

martes, 24 de junio de 2008

Hacia otro mar


Castelldefels.
Triste estación de RENFE
Machacada por el sol.

Los raíles rápidos,
Me llevan hacia Sants.

Después hacia otro mar,
Tu mar salvaje y frío.

Voy sola, tranquila
Serena, desarmada.

No estás aquí
No estarás.

Ni como amigo.



Entre Castelldefels y estación de Sants

Junio 2008-06-24

CGC

lunes, 23 de junio de 2008


No tengo nada
Para darte.

Salvo mis labios.

Que articulan
Palabras AZULES.

Sobre la moqueta
De este Gran Hotel.

Sitges, junio 2008

CGC

jueves, 12 de junio de 2008

Dámaso Alonso. En la sombra


En la sombra

Sí: tú me buscas.

A veces en la noche yo te siento a mi lado,
que me acechas,
que me quieres palpar,
y el alma se me agita con el terror y el sueño,
como una cabritilla, amarrada a una estaca,
que ha sentido la onda sigilosa del tigre
y el fallido zarpazo que no incendió la carne,
que se extinguió en el aire oscuro.

Sí: tú me buscas.

Tú me oteas, escucho tu jadear caliente,
tu revolver de bestia que se hiere en los troncos,
siento en la sombra
tu inmensa mole blanca, sin ojos, que voltea
igual que un iceberg que sin rumor se invierte en el
agua salobre.

Sí: me buscas.
Torpemente, furiosamente lleno de amor me buscas.

No me digas que no. No, no me digas
que soy náufrago solo
como esos que de súbito han visto las tinieblas
rasgadas por la brasa de luz de un gran navío,
y el corazón les puja de gozo y de esperanza.
Pero el resuello enorme
pasó, rozó lentísimo, y se alejó en la noche,
indiferente y sordo.

Dime, di que me buscas.
Tengo miedo de ser náufrago solitario,
miedo de que me ignores
como al náufrago ignoran los vientos que le baten,
las nebulosas últimas, que, sin ver, le contemplan.



Dámaso Alonso