lunes, 26 de noviembre de 2007

Momento


Hay un momento
Un segundo
El átomo de un segundo.

En el que de pronto
Siento la certeza
De que estamos conectados.

Que nos queremos de verdad
De verdad
De verdad de la buena.

Sólo es un momento
Increíble y
Suficiente.
CGC

Ángel González. Nada es lo mismo


NADA ES LO MISMO

La lágrima fue dicha...


Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.


¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?


No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:


Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

sábado, 24 de noviembre de 2007

Juega


Por qué quieres jugar
A que te quieran,
Sin mojarte un zapato.

A sentarte en el altar
Rodeado de rosas bonitas.

Deberías saber,
Que el amor también hiere
A los que se declaran neutrales.

A los que meten
La cabeza debajo del ala

Y a los que temen
El castigo de Dios.

El amor necesita palabras
Gestos, silencios...

Y un corazón abierto
Como las puertas del cielo.
No todos sirven para este juego.



CGC

viernes, 23 de noviembre de 2007

Para Lola García (Recordando el pasado) Y mi Canela



El viento está
Arrancando las hojas,
Como tu adiós
Aleja mis recuerdos.

La escarcha deja los caminos,
Como tu ausencia mi habitación.

El rocío cae de los árboles,
Como mis lágrimas

Tras los cristales

Del autobús.


A Pablo 1977-1978 Madrid.
Cándida González Cano

miércoles, 21 de noviembre de 2007

¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!

Hora absurda
Tu silencio es una nave con todas las velas llenas...
Blandas, las brisas juegan en las flámulas, tu sonrisa...
Y tu sonrisa en tu silencio es la escalera y las andas
con que me finjo más alto y junto a cualquier paraíso...
Mi corazón es un ánfora que cae y que se quiebra...
Tu silencio lo recoge y quebrado lo arrincona...
Mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa..., y mientras tanto
tú eres la tela irreal en la que mi arte yerra el color...
Abre todas las puertas y que el viento barra la idea
que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones...
Mi alma es una caverna colmada por la marea alta,
y mi idea de soñarte una caravana de histriones...
Llueve oro mate, mas no en lo exterior... Es dentro de mí... Soy la Hora,
y la Hora es de asombros y toda ella escombros de ella misma...
En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora...
En mi cielo interior nunca hubo una sola estrella..
Hoy el cielo es pesado como la idea de no llegar nunca a un puerto...
La lluvia menuda está vacía... La Hora sabe a haber sido...
¡Y no haber algo como lechos para las naves!...
Absorta en alienarse de sí, tu mirada es una plaga sin sentido...
Todas mis horas están hechas de jaspe negro,
mis ansias todas talladas en un mármol que no existe,
no es alegría ni dolor este dolor con el que me alegro,
y mi bondad inversa no es ni buena ni mala...
Los haces de los lictores se abrieron al borde de los caminos...
Los pendones de las victorias medievales no llegaron ni a las cruzadas...
Pusieron infolios útiles entre las piedras de las barricadas...
Y la hierba creció en las vías férreas con lozanía dañina...
¡Ah, qué vieja es esta hora!... ¡Y todas las naves partieron!
En la playa sólo un cabo muerto y unos restos de vela hablan
de lo Lejano, de las horas del Sur, de donde nuestros sueños sacan
aquella angustia de más soñar que hasta callan para sí...
El palacio está en ruinas... Duele ver en el parque el abandono
de la fuente sin surtidor... Nadie levanta la mirada del camino
y siente saudades de sí ante aquel lugar-otoño...
Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella suprimida...
La loca partió todos los candelabros glabros,
ensució de humano el lago con cartas rasgadas, muchas...
Y mi alma es aquella luz que nunca más tendrán los candelabros...
¿Y qué quieren del lago aciago mis ansias, brisas fortuitas?...
¿Por qué me aflijo y me enfermo?... Se acuestan desnudas al claro de luna
todas las ninfas... Vino el sol y habían ya partido...
Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
y la idea de que tu voz suene a lira de un Apolo fingido...
Ya no hay colas de pavos todo ojos en los jardines de otrora...
Las propias sombras están más tristes... Aún
hay rastros de ropas de ayas (parece) en el suelo, y aún llora
un como eco de pasos por la alameda que velahí concluida...
Todos los ocasos se fundieron en mi alma...
Las hierbas de todos los prados fueron frescas bajo mis pies fríos...
Secó en tu mirada la idea de creerte calma,
y el ver yo eso en ti es como un puerto sin navíos...
Se irguieron al tiempo todos los remos... Por el oro de los trigales
pasó una saudade de no ser mar... Frente
a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras...
Mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente...
¡Ah, y tu silencio es un perfil de cúspide al sol!
Todas las princesas sintieron el seno oprimido...
De la última ventana del castillo sólo un girasol
se ve, y el soñar que hay otros pone brumas en nuestro sentido...
¡Ser, y no ser ya más!... ¡Oh leones nacidos en la jaula!...
Repicar de campanas hacia más allá, en el Otro Valle... ¿Cerca?...
Arde el colegio y un niño quedó encerrado en el aula...
¿Por qué no ha de ser el Norte el Sur?... ¿Qué es lo que está descubierto?...
Y yo deliro... De repente hago pausa en lo que pienso... Te miro
y tu silencio es una ceguera mía... Te miro y sueño...
Hay cosas rojas y cobrizas en el modo de meditarte,
y tu idea sabe a recuerdo del sabor de un espanto...
¿Para qué no sentir por ti desprecio? ¿Por qué no perderlo?...
Ah, deja que te ignore... Tu silencio es un abanico—
un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan bello,
pero más bello es no abrirlo, para que la Hora no peque...
Se helaron todas las manos cruzadas sobre todos los pechos..
Se ajaron más flores de las que había en el jardín...
Mi manera de amarte es una catedral de silencios escogidos,
y mis sueños una escalera sin principio pero con fin...
Alguien va a entrar por la puerta... Se siente sonreír el aire...
Tejedoras viudas gozan las mortajas de vírgenes que tejen...
Ah, tu tedio es una estatua de una mujer que ha de venir,
el perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen...
Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
vestir de alienación los paisajes de todas las tierras,
enderezar por fuerza la curva de los horizontes,
y gemir por tener que vivir, como un ruido brusco de sierras...
¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!...
Saber que continuará habiendo el mismo mundo mañana—¡cómo nos entristece!...
Que mi oír tu silencio no sean nubes que contristen
tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra...
Suave, como tener madre y hermanas, la tarde rica desciende...
No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta...
Mi conciencia de tener conciencia de ti es una prez,
y mi saberte sonriendo es una flor mustia en mi pecho...
¡Ah, si fuésemos dos figuras en una lejana vidriera!...
¡Ah, si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!...
Estatua acéfala retirada a un lado, polvorienta pila bautismal,
pendón de vencidos que tuviese escrito en el centro este lema ¡Victoria!
¿Qué es lo que me tortura?... Si hasta tu faz tranquila
sólo me llena de tedios y de opios de ocios temibles...
No sé... Yo soy un loco que extraña su propia alma...
Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños...
Fernando Pessoa

lunes, 19 de noviembre de 2007

Caballito


Cuando algunas tardes aciagas, el corazón se me llena de remolinos, de rabia de mala leche. Me siento como un huracán que se lo llevaría todo por delante, las mesas las sillas las paredes y sobre todo esa cara de mala hostia con la que me aplastas.

No hago nada porque sé que tengo mi rincón, mi núcleo duro, mi lugar de supervivencia. En el que encuentro mi refugio, ante los malos vientos. Es ahí donde tengo mis palabras, mis libros, mis blusas bonitas.

Y me voy a la feria, como cuando era pequeña. Me subo en el caballito de madera del carrusel, pintado de azul de rojo de amarillo. Me agarro a la barra metálica y fría, cierro los ojos, siento el calor, el polvo de la tierra, el olor a algodón dulce, y me dejo llevar, arriba, abajo, abajo arriba, girando con rapidez hasta que mi vestido me tapa la cabeza y el pelo se mete por mi boca.

Son unos minutos, pero soy total absolutamente feliz. Girando y girando.

Por eso en días de tormenta, tu no puedes tocarme, ni acercarte siquiera a mi pensamiento. No te veo, no siento nada por ti. Eres todo defectos, incluso no me importaría, no volver a verte nunca más.

Me quedo tranquila muy tranquila.

CGC

jueves, 15 de noviembre de 2007

Corriendo


Si mis manos
No estuvieran tan vacías
Mi corazón tan amargado
Mis ojos ciegos
Mi mente cansada

Mi alma en pena

Saldría corriendo hacía ti
Me colgaría de tu cuello
Mordería tus labios con pasión
Mezclaría tu sangre
Con la mía

Por siempre jamás



CGC