jueves, 11 de diciembre de 2008

Antonio Machado. Yo voy soñando caminos




Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...

¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.

Antonio Machado

lunes, 8 de diciembre de 2008

Gito Minore. Cada vez que te acercas



CADA VEZ QUE TE ACERCAS
Aquí,
como un turista o un escolar
buscando en el idioma
la expresión correcta
para desnudar sin temores
mis sentimientos más profundos.
Enredado en una telaraña
de palabras pegajosas
debatiendo como un aficionado,
conjugando verbos, tachando,
inmerso en el universo abstracto
de la letra,
pudiendo en cambio
arrojarte a la cama
y en una vorágine de caricias y besos
convencerte sin preámbulos,
de que se trata
este retumbar violento
que salta en mi pecho
cada vez que te acercas.

Gito Minore

domingo, 7 de diciembre de 2008

La alegría de quererte



No puedo separarme de ti y cada día, cuando te quedas en la esquina, tengo que alejarme sin volver la cabeza y sin hablar, temo que al hacerlo me tiemble la voz.

Siento tu ausencia como un eclipse, mi cuerpo se queda frío, relajado, con el gusto de aguardarte, no necesito palabras.

Si te quedas cerca de mi, no hay cansancio sólo miro tu frente de reojo y se que eres tú el que lo ocupas todo. Como la sangre de mi cuerpo.

Yo no lo comprendo, pero tu presencia me calma, da sentido al infinito. Porque esta emoción da calor y brillo a mi vida, y me deja ir más allá de mis rosas, mi arena, mis libros, todas esas cosas que no son humanas en las que yo me refugio. Y me sustentan.
No necesito nada, te invento y reinvento cada día. Con cariño. No es verdad, si que te necesito, en cuerpo y alma. Pero me aguanto.

En mi madurez, admiro la belleza, el olor, el color, los sonidos, los sabores, los planetas y todo eso está en ti, hecho hombre, un hombre que está en mi pensamiento en mi sentimiento. Que forma parte de la misma energía del mismo universo en el que yo,
día a día, me transformo, con la alegría de quererte cada vez más.




CGC

jueves, 27 de noviembre de 2008

Cristina Peri Rossi. Dedicatoria2


Dedicatoria2

La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras.

Cristina Peri Rossi

lunes, 24 de noviembre de 2008

Ana Arroyo. Errante caminar


ERRANTE CAMINAR

Vivo en el destierro de otro tiempo
que no es el mío
porque no te encuentro.
Perdida en el laberinto de los años
no hay salida hacia otra vida
que te incluya.
Allá donde voy, flores extrañas
señalan el sendero de los pasos solitarios
de mi errante caminar.

Ana Arroyo

viernes, 21 de noviembre de 2008

Vicente Gallego. Generación espontánea


GENERACIÓN ESPONTÁNEA

Este día nublado invita al odio,
predispone a estar triste sin motivo,
a insistir por capricho en el dolor.
Y sin embargo el viento, y esta lluvia,
suenan hoy en mi alma de una forma
que a mí mismo me asombra, y hallo paz
en las cosas que ayer me perturbaban,
y hasta el negro del cielo me parece
un hermoso color.

Cuando no soportamos la tristeza,
a menudo nos salva una alegría
que nace de sí misma sin motivo,
y esa dicha es tan rara, y es tan pura,
como la flor que crece sobre el agua:
sin raíz ni cuidados que atenúen
nuestro limpio estupor.

Vicente Gallego

martes, 18 de noviembre de 2008

Pablo Neruda. Tus Manos

Tus Manos

Cuando tus manos salen,
amor, hacia las mías,
¿qué me traen volando?
¿por qué se detuvieron
en mi boca, de pronto,
por qué las reconozco
como si entonces, antes,
las hubiera tocado,
como si antes de ser
hubieran recorrido
mi frente, mi cintura?


Su suavidad venía
volando sobre el tiempo,
sobre el mar, sobre el humo,
sobre la primavera,
y cuando tú pusiste
tus manos en mi pecho,
reconocí estas alas de paloma dorada,
reconocí esa greda
y ese color de trigo.


Los años de mi vida
yo caminé buscándolas,
subí las escaleras,
crucé los arrecifes,
me llevaron los trenes
las aguas me trajeron,
y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos olas
terminaron su viaje.

Pablo Neruda