jueves, 17 de abril de 2008

De remate




Pensé que nunca te olvidaría. Y hace treinta años que no me acuerdo de ti.

Fuiste el primero que me advirtió de que mi corazón sonaba tan fuerte como los tambores de Calandra, y tú, fuiste el primer hombre al que yo vi como se le erizaban los escasos pelitos de su antebrazo, a un metro de mi cuerpo.
Ya no es que hubiera química, era la explosión de una fábrica de pirotecnia.

Rompimos antiguas ataduras con mentiras y con verdades. Sólo, para negarnos una y otra vez, para escaparnos, para poner kilómetro de por medio. Y volver como caballos sin freno.

No quisimos matar la pasión con palabras de amor, que siempre se quedan cortas. Pensábamos que no era amor.

Por eso teníamos que retarnos.
No sabía que eras más fuerte que yo y en uno de mis faroles, me clavaste el aguijón, con la constancia y suavidad, del que está acostumbrado a ser el primero de la clase. Sin maldad, de eso no tenias.

Veneno pasajero, del que no escarmienta una Ariana como yo.

Tú perdiste.
Al ver los resultados de esa, tu ” voluntad de hierro”. ¡ Imbecil ! Te pasaste. Yo no era Penélope.

Desde cuando un hombre hace más caso a los desafíos de una mujer, que a lo que le dicen sus besos.

Y desde cuando una mujer hace caso a los envides de un hombre al que no quiere mirar a los ojos...

Tontos de remate.


CGC

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